Eylin Caballero
Hace un tiempo llegó una clienta al salón preocupada porque sentía que se le estaba cayendo demasiado el cabello. Mientras conversábamos, comenzó a contarme todo lo que ya había intentado. Había tomado biotina, había cambiado de champú y recordaba que tiempo atrás había atravesado una etapa de bastante estrés. También me comentó que su cuero cabelludo se engrasaba con mucha facilidad.
Su historia no era nueva para mí. Cambia la persona, cambian algunos detalles, pero la conversación se repite con bastante frecuencia. Cuando una mujer comienza a encontrar más cabello en la ducha, en el cepillo o en la almohada, lo primero que suele hacer es buscar una solución. Compra un champú, empieza unas vitaminas, prueba un sérum o sigue la recomendación de alguien a quien aparentemente le funcionó determinado producto.
Lo entiendo. Cuando vemos caer nuestro cabello queremos hacer algo, y queremos hacerlo rápido. El problema es que muchas veces comenzamos buscando la solución antes de haber entendido el problema.
Después de años trabajando con cabello y cuero cabelludo, esta es una de las ideas que más quiero enseñar: la caída del cabello no se empieza tratando con un producto, se empieza entendiendo la causa.
“Se me cae el cabello” es el comienzo de la conversación
Una de las frases que más escucho en mi trabajo es: “Se me está cayendo el cabello”. Pero para mí esa frase no termina la conversación. La comienza.
Dos mujeres pueden sentarse frente a mí, decir exactamente lo mismo y estar atravesando situaciones completamente diferentes. Existen distintas causas de caída del cabello en las mujeres y precisamente por eso no me gusta asumir inmediatamente qué está ocurriendo.
La caída es lo que estamos viendo. La causa es lo que necesitamos investigar.
Parece una diferencia pequeña, pero cambia por completo la manera de abordar el problema. Si diferentes situaciones pueden producir pérdida de cabello, no podemos esperar que el mismo champú, suplemento, sérum o protocolo sea la respuesta para todas las mujeres.
Por eso, cuando una clienta llega preocupada por caída, mi primera pregunta no es qué producto vamos a utilizar.
Primero quiero conocer su historia.
Hemos aprendido a comprar antes de aprender a observar
Vivimos rodeadas de soluciones. Basta con buscar algo relacionado con caída del cabello para encontrarnos con champús, suplementos, sérums, ampollas, aceites y tratamientos acompañados de promesas muy atractivas.
El problema no es que existan productos. El problema aparece cuando elegimos primero la solución y después intentamos hacer que nuestro problema encaje dentro de ella.
Me gusta compararlo con una alarma. Si una alarma comienza a sonar en una casa, podemos apagar el sonido, pero eso no nos explica qué la activó. Tal vez durante unos minutos tengamos silencio, pero todavía no sabemos qué ocurrió.
Con el cabello sucede algo parecido. Podemos intentar silenciar lo que estamos viendo, pero si no investigamos qué está detrás del cambio, podemos pasar meses probando cosas sin comprender realmente qué estamos tratando.
Por eso considero que una de las habilidades más importantes en el cuidado capilar no es aprender a comprar más productos.
Es aprender a observar mejor.
Antes del tricoscopio viene la conversación
Cuando recibo a una clienta preocupada por la caída del cabello, una parte importante de mi trabajo comienza hablando con ella. En tricología utilizamos la palabra anamnesis para referirnos a la recopilación de información y antecedentes relevantes.
Puede sonar como una palabra muy técnica, pero para mí comienza con algo bastante sencillo: escuchar.
Quiero saber cuándo empezó a notar el cambio, cómo se dio cuenta, si ocurrió repentinamente o de manera progresiva y qué estaba sucediendo en su vida durante los meses anteriores. También quiero conocer sus hábitos de cuidado, cómo maneja su cabello, qué procesos realiza y qué cosas ya ha intentado para solucionar el problema.
Cada respuesta añade una pieza.
Muchas veces estamos tan concentradas mirando el cabello que olvidamos algo fundamental: detrás de ese cabello existe una persona y detrás de esa persona existe una historia.
Esa historia también importa.
La clienta que mencioné al comienzo, por ejemplo, ya había tomado biotina, había cambiado de champú, recordaba una etapa de estrés y además estaba preocupada por la cantidad de grasa que observaba en su cuero cabelludo.
Podría haber tomado cualquiera de esos datos y convertirlo inmediatamente en “la causa”.
Pero eso sería adivinar.
Mi trabajo es observar el conjunto.
Después de escuchar, observo
Después de conocer la historia de la clienta, comienzo a observar el cabello y el cuero cabelludo. En mi práctica de tricología estética utilizo el tricoscopio como una herramienta que me permite ampliar lo que estoy viendo y apreciar detalles que a simple vista pueden pasar desapercibidos.
Para mí, el tricoscopio no es una bola de cristal. Tampoco significa que todo lo que observemos pueda convertirse automáticamente en un diagnóstico. Es una herramienta para mirar mejor.
Puedo observar el estado general del cuero cabelludo, la presencia de sebo, descamación o irritación, las características visibles del cabello y posibles diferencias entre distintas áreas.
También presto atención a algo que considero muy importante: el patrón.
No solamente importa saber que una mujer está perdiendo cabello. También importa observar cómo está ocurriendo ese cambio, dónde lo está notando y cómo ha evolucionado con el tiempo.
Cuando juntamos la conversación, los antecedentes y la observación, comenzamos a tener una imagen mucho más completa que la que obtendríamos simplemente preguntando: “¿Qué champú estás usando?”.
El cabello no se interpreta mirando una sola señal
Este es uno de los errores que veo con frecuencia. Encontramos una característica y queremos convertirla inmediatamente en la explicación de todo.
“Es que tengo mucha grasa.”
“Es que pasé por estrés.”
“Es que cambié de champú.”
“Es que me falta alguna vitamina.”
Tal vez alguno de esos elementos sea relevante. Tal vez no. Lo importante es no convertir una pieza del rompecabezas en el rompecabezas completo.
La tricología me ha enseñado precisamente eso: observar una señal no significa automáticamente conocer su causa.
Necesitamos contexto.
Necesitamos historia.
Necesitamos observar.
Y, algunas veces, necesitamos reconocer que hacen falta otras evaluaciones que están fuera de nuestro campo profesional.
Perder cabello no siempre significa que algo está mal
Hay algo que también considero importante enseñar porque muchas mujeres comienzan a preocuparse simplemente por encontrar cabellos en la ducha.
El cabello tiene un ciclo natural. Crece, atraviesa diferentes etapas y eventualmente se desprende. Como referencia general, perder aproximadamente entre 50 y 100 cabellos al día puede formar parte de ese proceso.
Pero no quiero que después de leer esto comiences a contar los cabellos uno por uno.
Prefiero que aprendas a reconocer cambios.
Tú conoces tu cabello. Sabes cómo se sentía hace seis meses, hace un año o hace varios años. Sabes cuánto cabello era habitual encontrar durante el lavado y conoces, aunque nunca lo hayas medido, la sensación de tu propia densidad.
Por eso, más que obsesionarnos con un número, me interesa que aprendamos a prestar atención cuando algo cambia y ese cambio persiste.
Observar no significa vivir preocupada por el cabello.
Significa conocerlo.
El error no está en querer una solución
Quiero hacer esta distinción porque entiendo perfectamente por qué una mujer empieza a probar productos cuando siente que está perdiendo cabello. Cuando algo nos preocupa, queremos actuar.
El problema es pensar que actuar rápido siempre significa actuar correctamente.
Un producto puede formar parte del cuidado. Un cambio en la rutina puede ser conveniente. En determinadas situaciones puede existir un tratamiento específico y en otras puede ser necesaria la intervención de un profesional sanitario.
Pero antes de decidir qué hacer, necesitamos responder una pregunta mucho más importante:
¿Qué estamos tratando?
Sin esa pregunta podemos terminar cambiando de champú constantemente, comprando suplementos, probando recomendaciones y gastando dinero mientras aumenta nuestra frustración.
Entonces llegamos a una conclusión muy común:
“Nada me funciona”.
Pero quizá nunca estuvimos tratando el problema correcto.
También existe profesionalismo en saber cuándo no te corresponde tratar
Hay una parte de mi trabajo que para mí es especialmente importante y de la que creo que necesitamos hablar más dentro de la industria beauty.
No todo lo que observo me corresponde tratar.
Trabajar con tricología estética no significa pretender que tengo una solución para absolutamente todo lo que ocurre en el cabello o en el cuero cabelludo. Para mí, el conocimiento también consiste en reconocer límites.
Hay situaciones que podemos trabajar desde la educación, los hábitos y el cuidado cosmético del cuero cabelludo. Pero existen otras en las que lo responsable es recomendar una evaluación con un dermatólogo o con el profesional sanitario correspondiente.
Yo no veo una derivación como una falta de conocimiento.
La veo exactamente al contrario.
Una buena profesional no solamente necesita saber qué puede hacer. También necesita saber cuándo debe detenerse.
Esa manera de trabajar es parte de lo que quiero enseñar cuando hablo de tricología para estilistas y profesionales de la belleza. Profesionalizar nuestra industria no consiste en intentar ocupar el lugar de otras disciplinas. Consiste en conocer mucho mejor nuestro propio campo y saber trabajar responsablemente dentro de él.
Volvamos a aquella clienta
La mujer con la que comenzamos esta historia llegó buscando una solución. Ya había probado algunas cosas y estaba preocupada porque sentía que seguía perdiendo cabello.
Pero después de conversar, la pregunta comenzó a cambiar.
Ya no estábamos hablando solamente de qué podía ponerse. Estábamos hablando de cuándo había comenzado el cambio, de lo que había ocurrido tiempo atrás, de sus hábitos, de su cuero cabelludo y de lo que podíamos observar.
Primero ordenamos la historia.
Después observamos.
Y solamente entonces podemos comenzar a pensar cuál debería ser el siguiente paso.
Quizás este proceso no tenga el atractivo de una promesa que dice que puede detener la caída en pocos días. Pero después de trabajar durante años con cabello y cuero cabelludo, prefiero una buena pregunta a una promesa rápida.
El cabello no necesita más promesas, necesita mejores preguntas
La industria beauty nos ha acostumbrado a pensar primero en soluciones. Tenemos una necesidad y buscamos un producto. Tenemos otro problema y compramos otro producto. Poco a poco podemos terminar con un baño lleno de cosas y exactamente las mismas preguntas con las que comenzamos.
Por eso quiero proponer otra manera de mirar la caída del cabello.
No quiero que después de leer este artículo tengas una nueva lista de productos para comprar.
Quiero que tengas una pregunta mejor.
En lugar de comenzar con “¿qué puedo ponerme para que deje de caerse?”, empieza preguntándote:
“¿Qué está cambiando en mi cabello y qué necesito entender antes de tratarlo?”
Esa pregunta nos abrirá muchas conversaciones. En otros artículos iremos entrando, uno por uno, en los diferentes temas que pueden estar detrás de una caída capilar y en las situaciones que veo constantemente trabajando con mujeres y profesionales de la belleza.
No necesitamos meter todas esas respuestas en una sola conversación.
Hoy quiero que te quedes con esta idea, porque para mí es el punto de partida de todo lo demás:
La caída del cabello no se empieza tratando con un producto. Se empieza entendiendo la causa.
Si eres profesional de la belleza y quieres profundizar en la tricología aplicada al trabajo de salón, puedes encontrar mi libro Tricología para Estilistas en Amazon.

